Periodismo, escribidores y una historia que contar

Periodista: def: la persona que se dedica profesionalmente al periodismo, en cualquiera de sus formas, ya sea en la prensa escrita, fotografía, radio, televisión o medios digitales. Su trabajo consiste en descubrir e investigar temas de interés público, contrastarlos, sintetizarlos, jerarquizarlos y publicarlos. Para ello recurre a fuentes periodísticas fiables y verificables. Así elabora sus artículos, que pueden tomar varias formas para su difusión: oral, escrita, visual.

Existen varios principios que guían la labor del periodista, el principal de los cuales es el respeto por la verdad, el rigor en la búsqueda de la información fidedigna y verificable. En general, se considera buen periodista al que consigue información relevante, breve y exacta en el menor tiempo posible.

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Escribidor: def: 1. Persona que no tiene dotes para ser escritor.

2. Escritor que trabaja por encargo, teniendo horario fijo para hacerlo.

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Lamento haberles hecho leer estas líneas anteriores. Ya sé que poco tiene que ver un término con otro pero disculpen el haber, por un momento y en un ataque de cordura, intentado conllevarlas en mi cerebro al unísono.

Estos últimos días hemos asistido a auténtica lecciones de lo que significan ambas palabras. Y a algunos que, no ya sólo contentos con hacernos descubrir ambos significados han intentado por todos los medios demostrar lo que no son sus definiciones. Vaya, algo así como un diccionario de antónimos puesto al servicio en youtube o cualquier medio digital.

Hemos asistido a un cursillo rápido de cómo no debe ser un periodista y a otro de la misma duración sobre como se consigue ser escribidor por vía rápida.

El jueves noche en un espacio “efectivament” deportivo de un canal público, se escuchó al presentador (en principio ejemplo de periodista, pues se sobreentiende que esa es la labor por la que se le paga) que el Sr. Vilanova y el Sr. Guardiola sí se habían visto en Nueva York pero que fue algo muy corto, en sus palabras de un tiempo de 5 o 10 minutos. Hacía días afirmaba que no había existido contacto. Me alegro que poco a poco el espacio tiempo vaya creciendo. Hemos pasado de la nada a un intervalo de 5-10 minutos. Espero que dentro de varios años haya llegado a la verdad. Y en mi inocencia me pregunto ¿y quien se lo ha chivado? ¿estaba quizás él en Nueva York, aunque fuese “fent una o amb un canut”, mientras los implicados se saludaban? De ser así, y en vista de la brevedad de tiempo no le dió para muchas prácticas. ¿Pertenecen a una quizás determinada secta llamada Tres Métodos que tiene el don de la ubicuidad y que les permite enterarse de los que hacen o dejan de hacer determinadas personas? Porque si todas esas preguntas no tienen respuesta llegaremos a la conclusión de que ni investigan ni contrastan, ni tienen fuentes creíbles ni verídicas. Es más, como tampoco creo que sea de vital importancia ni de interés público si se han visto o no, llego a la conclusión de que a alguien le interesa que aparezca de este modo los hechos ¿A quien puede interesar? No hace falta colocar la respuesta.

Conclusión, adiós periodismo. Bye, bye love.

Estos días, con los recortes de prensa y su lectura he llegado a dos conclusiones. Primera: hay periodistas que, gracias a Dios, ni se han sorprendido ni buscan desaforadamente en las hemerotecas intentando encontrar declaraciones de la junta directiva del Futbol Club Barcelona contra Pep Guardiola. No les hace ninguna falta. Saben lo que quería decir. Léanlos. Seguro que a ustedes no les sorprenderán tampoco sus opiniones. Y sí les recomiendo, en muchos casos, guardar sus artículos en su hemeroteca particular.

Segundo: Los que si lo hacen. Esos que se preguntan en donde y cuando la directiva vertió frases contra Guardiola. Y que se autoresponden asegurando que nadie de la junta lo ha hecho, como mínimo ante los medios. Y hablan que si acaso habrá sido en comidas y cenas particulares como la que voy a tener esta noche (si acaso les comunico a los de la secta que estaré en calle Tuset), pero nunca a los medios. ¿También tienen chivatos en esas cenas o comidas, resaltamos, particulares? Porque no me gustaría pensar que han estado presentes en esas supuestas reuniones pantagruélicas y que a partir de ahí han escrito sus artículos. Es decir que las fuentes y el contraste solo vienen por una parte. Algo parecido a un dictado escolar. Si estaban en las cenas me gustaría imaginar que a la hora de pagar fue a escote.

¿Porque, a que se debe este interés desmesurado, desde hace tanto tiempo, en negar la relación entre Tito Vilanova y Pep Guardiola? ¿Alguno de los que tanto hablan, cuentan y dicen saber de primera mano que no había ninguna relación entre ambos, puede demostrarlo? ¿Están seguros de poder hacerlo? ¿De dónde han sacado esa información? ¿Quién la ha facilitado? Y, lo seguramente más importante, ¿a quien beneficia?, ¿quién es el máximo interesado en hacer ver que la relación entre ambos no existía?, ¿por qué el interés en intentar que Tito Vilanova quede en el lado de ellos, como si fuera la coartada perfecta, para poder explicar su marcha sin tener ellos que dar ninguna explicación?

Conclusión: adiós periodismo, bienvenidos escribidores.

Porque haciendo el mismo ejercicio que estos les podría contar una historia que quizás no saben seguramente la mayoría de ustedes. Y ellos, escribidores y negadores del periodismo, si lo saben o lo conocen, ya se preocupan bastante en no hacerlo aparecer en medios ni en darle publicidad, que, por lo que parece, las instrucciones son otras. Seguramente porque eso no es ni relevante ni de interés público. Y observen como son especialmente los directores y subdirectores de los periódicos deportivos de Barcelona los que más han mantenido esta idea. Estos y algunos tertulianos que deben ganarse el pan cada día como todo hijo de vecino. Y más en los tiempos que corren en que todo dinero es bueno.

Un conocido estuvo hace poco en Nueva York por temas médicos. Importantes. Y un amigo común le acompañó todo cuanto pudo y le dejaron y, seguramente mucho menos de lo que hubiese deseado, en su cama con ruedas de hospital. Sí, allí se presentó, una tarde cualquiera, cargado con una maleta, un pequeño neceser y sus zapatillas de invierno dispuesto, no a pasar una tarde en el hospital sino a acompañar a su amigo el tiempo que hiciera falta. A pasar las noches con él como tantas otras habían pasado juntos. Vamos, que se instaló junto a su amigo en esa habitación de hospital. Y así transcurrieron un montón de días. Como en los viejos tiempos, hablando, conversando y escuchando música, su auténtica pasión. Saben, tenían parabólica, cosas esas de USA y cierto nivel de atención en también ciertos hospitales de ese país. Un buen día recibí un mensaje del amigo enfermo. Aunque le apasionaba la música, en ese momento la detestaba. Su amigo le había hecho visionar por televisión seis horas seguidas de conciertos varios, de música de grupos principiantes, de reciente formación. Su mensaje me sonó terriblemente desesperado. El quería tan solo escuchar una melodía. Tan sólo una y con su amigo al lado se había convertido en una empresa imposible. Casualmente esa canción era la misma que en esos momentos bailaba mi hija a 6000 km de distancia, en el salón de casa. Recuerdo la canción: “In the arms of an angel”.

Aún recuerdo una frase que me dijo: “solo cuando eres consciente de la muerte, acabas asumiendo tu propia soledad”, una frase de la escritora Rosa Regàs, ampurdanesa, aunque ella de adopción, como mi amigo.

Ese dïa el amigo paciente le pidió al otro que se marchara. Era lo mejor para ambos. Habrían problemas para los dos si se quedaba allí. Al amigo le costó entender la solicitud. No comprendía a quien podía molestar. Pero su presencia, constante, allí, estaba resultando un problema. Y marchó. Durante los días restantes en que el paciente estuvo ingresado no volvió al hospital a ver a su amigo. Este regresó a Barcelona con el convencimiento de que a su amigo había dejado de importarle. Su enfermedad e incluso él.

Transcurrido poco despues volvimos a hablar. El amigo enfermo, una vez ya restablecido, había regresado a Barcelona y disfrutábamos de su compañía y presencia. Hablamos. Nosotros sí, por un breve espacio. Pero el suficiente para contarme una vez más como su amigo había estado con él en el hospital. Lo decía con ese orgullo que tenemos todos al hablar de un amigo de infancia o adolescencia, pero con el poso de tristeza por como se habían desarrollado los hechos, por ese final.

Hace tres días me llamó. Estuvimos hablando. Y me contó de nuestro amigo residente en Nueva York. Acababa de enterarse que durante todos, todos, los días en que no había ido a verle, despues de abandonar la habitación que habían compartido durante días, se había acercado cada día al hospital para saber de primera mano como se encontraba, cual era su estado y como era la evolución. Conocía todas las recaídas, los mejores días, los avances, las fechas en que tenía cualquier tipo de prueba. Estaba en contacto permanente con su médico. Nunca había fallado. Ni un solo día. SU AMIGO.

Y esta noche disfrutaré de la cena con dos amigos. Podrían ser ellos perfectamente, es más me gustaría que lo fueran para yo poder retirarme a dormir temprano, muy temprano y dejarlos sólos, allí en una mesa con un par de copas y alguna botella de más, y hablaran de esa habitación y esos conciertos. Y de esas habitaciones en las que pasaban las horas soñando en grandes salas, en los más grandes estadios, en las que compartieron sueños de adolescencia con sus guitarras al hombro.

No se preocupen, nadie, ni periodistas ni escribidores, tan solo he intentado hacer de escribidor por un día. Ha sido solo un encargo. Nada más. Del alma.

(Per la Maria, la meva amiga)