Periodismo, escribidores y una historia que contar

Periodista: def: la persona que se dedica profesionalmente al periodismo, en cualquiera de sus formas, ya sea en la prensa escrita, fotografía, radio, televisión o medios digitales. Su trabajo consiste en descubrir e investigar temas de interés público, contrastarlos, sintetizarlos, jerarquizarlos y publicarlos. Para ello recurre a fuentes periodísticas fiables y verificables. Así elabora sus artículos, que pueden tomar varias formas para su difusión: oral, escrita, visual.

Existen varios principios que guían la labor del periodista, el principal de los cuales es el respeto por la verdad, el rigor en la búsqueda de la información fidedigna y verificable. En general, se considera buen periodista al que consigue información relevante, breve y exacta en el menor tiempo posible.

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Escribidor: def: 1. Persona que no tiene dotes para ser escritor.

2. Escritor que trabaja por encargo, teniendo horario fijo para hacerlo.

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Lamento haberles hecho leer estas líneas anteriores. Ya sé que poco tiene que ver un término con otro pero disculpen el haber, por un momento y en un ataque de cordura, intentado conllevarlas en mi cerebro al unísono.

Estos últimos días hemos asistido a auténtica lecciones de lo que significan ambas palabras. Y a algunos que, no ya sólo contentos con hacernos descubrir ambos significados han intentado por todos los medios demostrar lo que no son sus definiciones. Vaya, algo así como un diccionario de antónimos puesto al servicio en youtube o cualquier medio digital.

Hemos asistido a un cursillo rápido de cómo no debe ser un periodista y a otro de la misma duración sobre como se consigue ser escribidor por vía rápida.

El jueves noche en un espacio “efectivament” deportivo de un canal público, se escuchó al presentador (en principio ejemplo de periodista, pues se sobreentiende que esa es la labor por la que se le paga) que el Sr. Vilanova y el Sr. Guardiola sí se habían visto en Nueva York pero que fue algo muy corto, en sus palabras de un tiempo de 5 o 10 minutos. Hacía días afirmaba que no había existido contacto. Me alegro que poco a poco el espacio tiempo vaya creciendo. Hemos pasado de la nada a un intervalo de 5-10 minutos. Espero que dentro de varios años haya llegado a la verdad. Y en mi inocencia me pregunto ¿y quien se lo ha chivado? ¿estaba quizás él en Nueva York, aunque fuese “fent una o amb un canut”, mientras los implicados se saludaban? De ser así, y en vista de la brevedad de tiempo no le dió para muchas prácticas. ¿Pertenecen a una quizás determinada secta llamada Tres Métodos que tiene el don de la ubicuidad y que les permite enterarse de los que hacen o dejan de hacer determinadas personas? Porque si todas esas preguntas no tienen respuesta llegaremos a la conclusión de que ni investigan ni contrastan, ni tienen fuentes creíbles ni verídicas. Es más, como tampoco creo que sea de vital importancia ni de interés público si se han visto o no, llego a la conclusión de que a alguien le interesa que aparezca de este modo los hechos ¿A quien puede interesar? No hace falta colocar la respuesta.

Conclusión, adiós periodismo. Bye, bye love.

Estos días, con los recortes de prensa y su lectura he llegado a dos conclusiones. Primera: hay periodistas que, gracias a Dios, ni se han sorprendido ni buscan desaforadamente en las hemerotecas intentando encontrar declaraciones de la junta directiva del Futbol Club Barcelona contra Pep Guardiola. No les hace ninguna falta. Saben lo que quería decir. Léanlos. Seguro que a ustedes no les sorprenderán tampoco sus opiniones. Y sí les recomiendo, en muchos casos, guardar sus artículos en su hemeroteca particular.

Segundo: Los que si lo hacen. Esos que se preguntan en donde y cuando la directiva vertió frases contra Guardiola. Y que se autoresponden asegurando que nadie de la junta lo ha hecho, como mínimo ante los medios. Y hablan que si acaso habrá sido en comidas y cenas particulares como la que voy a tener esta noche (si acaso les comunico a los de la secta que estaré en calle Tuset), pero nunca a los medios. ¿También tienen chivatos en esas cenas o comidas, resaltamos, particulares? Porque no me gustaría pensar que han estado presentes en esas supuestas reuniones pantagruélicas y que a partir de ahí han escrito sus artículos. Es decir que las fuentes y el contraste solo vienen por una parte. Algo parecido a un dictado escolar. Si estaban en las cenas me gustaría imaginar que a la hora de pagar fue a escote.

¿Porque, a que se debe este interés desmesurado, desde hace tanto tiempo, en negar la relación entre Tito Vilanova y Pep Guardiola? ¿Alguno de los que tanto hablan, cuentan y dicen saber de primera mano que no había ninguna relación entre ambos, puede demostrarlo? ¿Están seguros de poder hacerlo? ¿De dónde han sacado esa información? ¿Quién la ha facilitado? Y, lo seguramente más importante, ¿a quien beneficia?, ¿quién es el máximo interesado en hacer ver que la relación entre ambos no existía?, ¿por qué el interés en intentar que Tito Vilanova quede en el lado de ellos, como si fuera la coartada perfecta, para poder explicar su marcha sin tener ellos que dar ninguna explicación?

Conclusión: adiós periodismo, bienvenidos escribidores.

Porque haciendo el mismo ejercicio que estos les podría contar una historia que quizás no saben seguramente la mayoría de ustedes. Y ellos, escribidores y negadores del periodismo, si lo saben o lo conocen, ya se preocupan bastante en no hacerlo aparecer en medios ni en darle publicidad, que, por lo que parece, las instrucciones son otras. Seguramente porque eso no es ni relevante ni de interés público. Y observen como son especialmente los directores y subdirectores de los periódicos deportivos de Barcelona los que más han mantenido esta idea. Estos y algunos tertulianos que deben ganarse el pan cada día como todo hijo de vecino. Y más en los tiempos que corren en que todo dinero es bueno.

Un conocido estuvo hace poco en Nueva York por temas médicos. Importantes. Y un amigo común le acompañó todo cuanto pudo y le dejaron y, seguramente mucho menos de lo que hubiese deseado, en su cama con ruedas de hospital. Sí, allí se presentó, una tarde cualquiera, cargado con una maleta, un pequeño neceser y sus zapatillas de invierno dispuesto, no a pasar una tarde en el hospital sino a acompañar a su amigo el tiempo que hiciera falta. A pasar las noches con él como tantas otras habían pasado juntos. Vamos, que se instaló junto a su amigo en esa habitación de hospital. Y así transcurrieron un montón de días. Como en los viejos tiempos, hablando, conversando y escuchando música, su auténtica pasión. Saben, tenían parabólica, cosas esas de USA y cierto nivel de atención en también ciertos hospitales de ese país. Un buen día recibí un mensaje del amigo enfermo. Aunque le apasionaba la música, en ese momento la detestaba. Su amigo le había hecho visionar por televisión seis horas seguidas de conciertos varios, de música de grupos principiantes, de reciente formación. Su mensaje me sonó terriblemente desesperado. El quería tan solo escuchar una melodía. Tan sólo una y con su amigo al lado se había convertido en una empresa imposible. Casualmente esa canción era la misma que en esos momentos bailaba mi hija a 6000 km de distancia, en el salón de casa. Recuerdo la canción: «In the arms of an angel».

Aún recuerdo una frase que me dijo: «solo cuando eres consciente de la muerte, acabas asumiendo tu propia soledad», una frase de la escritora Rosa Regàs, ampurdanesa, aunque ella de adopción, como mi amigo.

Ese dïa el amigo paciente le pidió al otro que se marchara. Era lo mejor para ambos. Habrían problemas para los dos si se quedaba allí. Al amigo le costó entender la solicitud. No comprendía a quien podía molestar. Pero su presencia, constante, allí, estaba resultando un problema. Y marchó. Durante los días restantes en que el paciente estuvo ingresado no volvió al hospital a ver a su amigo. Este regresó a Barcelona con el convencimiento de que a su amigo había dejado de importarle. Su enfermedad e incluso él.

Transcurrido poco despues volvimos a hablar. El amigo enfermo, una vez ya restablecido, había regresado a Barcelona y disfrutábamos de su compañía y presencia. Hablamos. Nosotros sí, por un breve espacio. Pero el suficiente para contarme una vez más como su amigo había estado con él en el hospital. Lo decía con ese orgullo que tenemos todos al hablar de un amigo de infancia o adolescencia, pero con el poso de tristeza por como se habían desarrollado los hechos, por ese final.

Hace tres días me llamó. Estuvimos hablando. Y me contó de nuestro amigo residente en Nueva York. Acababa de enterarse que durante todos, todos, los días en que no había ido a verle, despues de abandonar la habitación que habían compartido durante días, se había acercado cada día al hospital para saber de primera mano como se encontraba, cual era su estado y como era la evolución. Conocía todas las recaídas, los mejores días, los avances, las fechas en que tenía cualquier tipo de prueba. Estaba en contacto permanente con su médico. Nunca había fallado. Ni un solo día. SU AMIGO.

Y esta noche disfrutaré de la cena con dos amigos. Podrían ser ellos perfectamente, es más me gustaría que lo fueran para yo poder retirarme a dormir temprano, muy temprano y dejarlos sólos, allí en una mesa con un par de copas y alguna botella de más, y hablaran de esa habitación y esos conciertos. Y de esas habitaciones en las que pasaban las horas soñando en grandes salas, en los más grandes estadios, en las que compartieron sueños de adolescencia con sus guitarras al hombro.

No se preocupen, nadie, ni periodistas ni escribidores, tan solo he intentado hacer de escribidor por un día. Ha sido solo un encargo. Nada más. Del alma.

(Per la Maria, la meva amiga)

Matamos al pianista en lugar de a los malos

Leyendo tuits y comentarios por internet creo que nos equivocamos al matar al pianista. Los malos son otros, no el que está al piano, en el fono del local y al que solo le han puesto un piano para que interprete sus melodías.

Me explico. Estamos dando la culpa de la más que probable marcha de Thiago Alcántara del FCB al entrenador por no darle la suficiente confianza y darle minutos de juego. Esos minutos importantes y de calidad que si tuvo con Pep Guardiola en el banquillo. (Partidos contra Real Madrid y final del Mundial de Clubs contra Santos). Y el problema creo que es distinto.

En su momento se nos engañó con la cláusula de rescisión de su contrato, como han reconocido miembros de la directiva. ¿Qué sentido tenía esa cláusula para el club? Poca, por no decir ninguna. Salvo que se creyese que ese era el precio posible de venta del jugador. Si no es así es inexplicable.

Hemos oído durante mucho tiempo que el verdadero problema para la directiva era la masa salarial. Esa que había que disminuir como fuera. No hay que olvidar que al ser la partida más importante hace que se pueda entrar en pérdidas y beneficios rápidamente. Y eso significa tener que avalar o no.

Juntemos a eso la manifiesta falta de proyecto existente en estos momentos, puesto en evidencia cuando un día se nos dice que el segundo y tercero de abordo en la secretaría técnica dejarán el Club y al día siguiente se renuevan hasta más allá de lo que tiene acordado el primero, en este caso Zubizarreta.

Si partimos de la base de que hay jugadores en la plantilla intocables para esta directiva, ¿a quien más nos queda por vender para sacar dinero? Ya hemos visto el caso de Villa. ¿Hay algún otro jugador por el que nos darían esos dieciocho millones sin tener que fichar a otro para el puesto? Porque claro, está Alexis pero habría que fichar otro delantero, con lo que no sirve para el caso. Otro posible era Adriano pero a parte de menos dinero necesitaríamos reforzar también otra posición. El único que queda en la plantilla es Thiago. Nadie más.

Y sabían que con una clausula de 18 millones era vendible. Si se tenía que negociar era otra cosa. ¿Posibles candidatos? Real Madrid. En ese caso toda la mpoquería para el jugador. Eso ya está visto en este club. Manchester o City. Les daba igual. El jugador que era un pesetero. La sorpresa es Múnich. Ahí el malo de la película es otro. Más sencillo aún todo.

Olvidémonos de Tito. No creo que tenga nada que ver en esto. Simplemente le han dicho que para hacer caja se despida de Thiago. Ya está. Ni más ni menos. Y Tito Vilanova ya dijo en su momento que el entrenaba la plantilla que le dieran. A día de hoy esas palabras las tomo distintas a una primera impresión. Es un todo me viene dado. Y eso va  a hacer. No es él el responsable.

Los más utópicos podríamos creer que debería, si es así dimitir o marcharse. Tampoco estoy de acuerdo en eso. Si fuera amateur, sí. Pero él es profesional. Y ojo, no olvidar que en unas circunstancias especiales. Y no es secretario técnico. Ya vimos el año pasado que mucho caso no se le hizo. Su única demanda fue Thiago Silva. En su lugar le trajeron a Song. Más vale no analizar ni comparar.

Los malos se escapan mientras todos apuntan y disparan al pianista, sólo, sin más compañía ni defensa que su piano. Y estoy convencido que el pianista lo pasa mal.  Que el quería interpretar una melodía de Kelly Clarkson y en su lugar le obligan a tocar el waka-waka.

Carnaval en Mayo en el FCB

Supongo que debe ser culpa del tiempo. El frío y las lluvias que nos acompañan, junto con los atuendos de aún muchos transeúntes, dan la sensación que estemos en Febrero. En plenos Carnavales. Y lo acontecido estos dos últimos días sin duda es lo más parecido al miércoles de ceniza. Sí, ayer asistimos sin duda al “enterrament de la sardina”. Ayer, como fin de fiesta todos se sacaron sus disfraces y sus máscaras. Y el rey Carnaval se vio envuelto en llamas, en esa pira que lleva construyéndose durante buena parte del año.

Cuatro ruedas de prensa, en escasas 24 horas, son las que han realizado diversos integrantes del equipo del Futbol Club Barcelona. Cuatro y muy distintas.

Abidal.

Rueda de prensa inmaculada por su parte. Una persona que con su esfuerzo, tesón, se ha ganado a todos los seguidores del fútbol. No tan solo del Barça. De todo el deporte. Un ejemplo para una sociedad necesitada de ellos. Alguien que solo pretende demostrarse, a sí mismo y al mundo que se puede seguir compitiendo al máximo nivel. Que se puede superar la enfermedad.
El único a quien no le ha hecho falta ninguna máscara. Su semblante y sus lágrimas lo dicen todo.
A su lado el máximo representante del Club (temporal, no lo olvidemos nunca) y el grado superior de la parcela deportiva (más temporal aún si cabe). Ambos quitándose las máscaras de Don Tancredo que han venido exhibiendo durante largo tiempo. Sí, esos que se estaban quietos encima del pedestal, de un blanco inmaculado para así intentar confundir al toro por una estatua y evitar las embestidas.

Lo malo fue que se les cayó la máscara. No se la quitaron. Se les cayó sola, por su propio peso. Los “valors” pesaban demasiado. ¿Hay más riesgo en renovar a Abidal por un año que a Adriano por cuatro? ¿Siempre se han cubierto las veinticinco fichas del primer equipo? ¿Alexanco o Milito, por poner dos ejemplos, jugaron siempre en su último año? ¿No cabía en Abidal el rol de segundo lateral izquierdo o cuarto o quinto central?

Sencillamente, los Don Tancredo le han echado. Llámenle como quieran. En el Barça, eso de mantener las puertas abiertas hasta la eternidad muchas veces ha sido sinónimo de adiós muy buenas.

Víctor Valdés

Rueda de prensa extraña en sus prolegómenos. Periodistas atizándole ya el día antes por si no aceptaba preguntas. Y otra posición totalmente distante a la del Club. Para mí brillante en la exposición de postura y mejor aún en las respuestas a los medios. La máscara que le ha acompañado durante tantos años en la portería y en sus escasas apariciones sigue con él. Y yo sigo sin entender a los que se quejan de la fecha del anuncio y condicionantes. ¿Acaso el Club ha hecho lo correcto con Muniesa?, por ejemplo. ¿Para que esperar tanto a comunicarle que no se cuenta con él?
La directiva y cuerpo técnico ausentes. Unos debían valorar el ridículo hecho el día anterior y otros quizás en el que harían pocas horas después.

Puyol.

A este se le cayó la máscara de capitán. Y quizás también la de guerrero. Es lo que tiene a veces llevar dos a la vez. No sabes cual colocarte y una por otra la casa sin barrer. Convincente en cuanto a su lesión, mucho menos a la hora de explicar el cuando de la operación. Y sus excusas en cuanto a sus no comparecencias explicando el tema rozan, en muchos casos, el más pueril escaqueo. A eso juntémosle su agradecimiento a la directiva. Acabé contando los años que quedan hasta que cumpla los cuarenta. Me asusté. Por lo peor.

Tito Vilanova

Imagen de este Carnaval pasado. Como la Doppia de la Comedia Italiana, ampliamente representada. Su mitad frontal, blanca, vista durante el principio de temporada se dio repentinamente la vuelta no se sabe muy bien cuando. Y ayer nos mostró su cara posterior. Negro intenso. Sus gestos, sonrisas, no tenían nada que ver con el entrenador de Septiembre-Octubre. Un personaje de vuelta de todo. Hasta cierto punto asqueado o harto de su papel. Imagen del general que ha vencido una batalla a cambio de perder a la inmensa mayoría de sus hombres. Ni denota alegría por la consecución del título o de los cien puntos. Como si supiera que la otra mitad del disfraz ha quedado por el camino hecha jirones. Más allá de sus palabras me quedo con su lenguaje gestual. Lo dice todo.

Los que hoy le aplauden y los que dicen confiar en él son los mismos que cuando iba de blanco le buscaban sustitutos.

Me da la impresión que se ha quedado solo. El y su máscara. Tuvo la oportunidad, ayer y anteayer, de convertirse en ángel. Y lo ha hecho en la peor forma. La del ángel caído.

Directiva, Secretario técnico, Entrenador y Capitán. Cuatro decepciones. La peor con mucho la del entrenador. Otras las intuía, esta no.

Nos queda esperar. Y esta vez la espera será corta. Este vestuario se sujetaba básicamente por los valores que circulaban. Una vez estos enterrados poco queda más que los egos personales. Y en eso empiezan todas las derrotas.

Empiezan tiempos de Cuaresma.

Abidal. El número 22 de mi hija.

b_WEMBLEY_b_Abidal_alzoNew York, 30/05/2022

Querido Papá

Necesitaba mandarte estas pocas letras. Ayer estuvimos horas hablando por teléfono. Esta vez no pude acompañarte a la final de Champions. Que alegría con la victoria. ¡Cuánto hacía que no celebrabamos una! De pequeña estaba acostumbrada a ganarlas cada dos años. Sí, ya sé que casi hemos visto ganar las mismas, tú tan solo una más y que, constantemente me recordabas que esto es un juego. Que se gana a veces y se pierde muchas. Pero no creía que tardáramos tanto.

Pero te noté menos contento que otras veces. ¿Cuántos años hace que estuvimos en Wembley? Once, ya, como pasa el tiempo. Aún llevo encima las fotografías que nos hicimos. Yo, con esas dos coletas que tanto te gustaba que llevara. Tres días después cumplía diez años. Fue el regalo que tanto esperaba. El mejor regalo.

De Londres apenas recuerdo nada. El Támesis y la galería esa de arte que me llevaste a ver. Sí, la Tate. En cambio del partido lo recuerdo todo. El gol de Pedro, el empate de Rooney. Descanso. Y luego el festival. Los goles de Messi y Villa. Las paradas de Victor Valdés. ¿Recuerdas?, mi primera camiseta “exigida” fue la de él. En el colegio hacían broma. Una niña con coletas y portera. Cosas de mi hermano. Necesitaba un portero para entrenar y me cogió a mí. Pero me gustaba hacerlo. Siempre me gustó Valdés. Y cuantos partidos nos salvó. Que pena que se fuera. Uno más que nos dejó. Fue un tiempo convulso. Pasamos del futbol a los negocios. Del campo a los despachos.

En el banquillo estaba Pep. Me costó mucho entender porque le profesabas tal cariño. Salvo que en ese momento cambió al club, según me contabas. Ya sé que con el tiempo tuvisteis alguna relación de cordialidad. Hablabais de futbol en general y de música y libros. Jamás le preguntaste nada de lo que acontecía en ese momento en el Club. Pep cambió, en ese momento, al Club. No es ese el trabajo de un entrenador, ya lo sabes. Como mucho debe cambiar al equipo. Pero él lo cambió durante un tiempo. Y en parte, nos cambió a todos. En esos años escribías un bloc en Internet. “Sentiments en Miniatura”. Recuerdo el nombre. Muchas veces me llamabas así, de pequeña: miniatura. El día que se despidió escribiste un buen texto. No fue de los mejores, pero sí uno de los más sentido. Se cansó o hartó. Y se fue a esta ciudad en la que estoy ahora (ahí fue creo cuando entablaste alguna relación con él). Luego se fue a Munich. La ciudad que, siempre me dijiste, tiene el Ayuntamiento más bonito de Europa.

Pero sabes, lo que más recuerdo de aquella final, fue todo lo que aconteció alrededor de un jugador. Abidal. Sabes que con el trajín que llevo, de lado a lado, no acarreo grandes cosas. Pero siempre me acompaña esa camiseta. La del número 22. Ese número que en cualquier otro lugar nadie se hubiera nunca atrevido a colocarse jamás. Esa camiseta que siempre debería haber estado prohibida para cualquier otro. Salvo en nuestro club, en nuestra casa. Somos así. Y no hemos cambiado.

Hacía poco había sufrido la extirpación de parte del hígado. Se le había diagnosticado un cáncer, sí esa maldita enfermedad que ya se ha llevado por delante a muchos conocidos. Y llegó para la final. No sé si te acordarás pero el día en que me hice la foto con el equipo, sí, esa que guardas en el despacho como si fuese oro en paño y, que maltrecha llevo en el monedero, fue el primer partido en que no estaba Abi. Los jugadores saltaron con una camiseta con su nombre. En ese momento no me gustó. Hubiese preferido que llevaran la azulgrana. Hoy, en cambio, me parece mucho mejor esta imagen. La de un equipo, un grupo, volcándose con un compañero.

EOLYMPUS DIGITAL CAMERAl final del partido, con la copa en sus manos, arriba, en lo más alto de aquella interminable escalinata, en la  que un día Guardiola contó los peldaños. Y ahí arriba estaba él. Abi. Mi número 22. Con el brazalete de capitán en el brazo izquierdo, la medalla colgando del cuello y el Unicef en el centro de la camiseta. Estábamos abrazados y notaba como temblabas intentando amagar las lágrimas, hipando de alegría.

Luego, en el campo, Pep lo esperaba. Se fundieron en un abrazo interminable. Siempre me comentabas que a Guardiola le gustaba el sentido del tacto. De eso tú sabes. Necesitas el contacto, el acariciar, el tocar para saber que ESTAS. Sí, así, con mayúsculas. Luego, vimos las imágenes en el hotel. A Pep se le veían los ojos enrojecidos igual que tú en la grada y luego delante de la pantalla.

Que tiempos. Al año siguiente vino la recaída. La segunda vez fue necesario el trasplante. Y el 22 siguió luchando. No sólo se aferró a la vida. Su mujer y sus niñas, esas que un día de celebración tenían frío en la hierba del Camp Nou. Se aferró a su sueño. El de poder seguir disfrutando con su profesión. No quiso ser un héroe que había superado por dos veces la enfermedad. Se propuso volver a ser el que era. Y lo consiguió. Demostró que podía seguir jugando. No sabíamos a que nivel de exigencia. Pero lo logró.

Dos años justo después de Wembley el Club lo echó. En ese momento no lo entendí. Echaban a Abidal. Echaban a mi número 22. No le deban ni tan siquiera la oportunidad de probarse, de comprobar si estaba para el nivel de exigencia que corresponde a un Futbol Club Barcelona. NoOLYMPUS DIGITAL CAMERA. Un gracias por todo y un lugar en el inmenso organigrama del club fue todo lo que en correspondencia le brindaba el Club.

Recuerdo que hacía no mucho habías ido a verle en la presentación del libro ese solidario que hacen algunos periodistas. Sí el “Relats Solidaris”. Ese que cada año llevas a casa. Cuando llegaste a casa me hiciste verlo por Youtube. Y lo mismo hiciste el día que lo echaron. Me hiciste ver la rueda de prensa entera. No nos dijimos nada en todo el visionado. Tan sólo al final me comentaste, y lo recuerdo como sí acabase de suceder  “en la vida hay personas, gente y gentuza”. Siempre has sido demasiado concreto. Por mi parte pensé que a veces lo de “més que un club” nos queda muy, muy grande. Y que, que suerte que el Unicef, que un día llevamos en el pecho, ya lo habían trasladado a la parte baja de la espalda de la camiseta. Que hay cosas que no ligan mucho.

Me acuerdo de la rueda de prensa. Esas palabras de “me hubiera gustado seguir jugando en el Barça”. O esa “han tomado una decisión que no me esperaba. Pensaba seguir porque he luchado mucho para volver a jugar aquí”. De entrada la posición en la mesa me sorprendió. En el centro no estaba Abi, si no el entonces presidente. ¿Cómo se llamaba? A sí, Rosell. Y Abidal en un costado de la mesa. Con Zubizarreta en el otro. En primera fila muchos de sus compañeros. Y Tito Vilanova. Es curioso que no estuviese en la mesa. La cabeza gacha en casi todas las imágenes en las que aparecía. Hacía pocos días un jugador de básquet, Pete Mickael, había anunciado su adiós por una enfermedad y ahí tuvo a su entrenador al lado. Me extrañó. Luego, con el paso del tiempo, supimos por qué no quiso estar arriba. Pero eso es otra historia. Esos abrazos, al final, con sus compañeros. Esas lágrimas desbordándose poco a poco tras cada abrazo. Una tras otra cayendo y mojando el hombro de los que le apoyaban.

Y ese día tuve muy claro que mi camiseta del Barça iría siempre con el 22. Tu número. Mi nombre. Abidal.

Se, papá, que ayer debía pasar todo esto por tu cabeza. Que montón de años perdidos otra vez. Es un problema que tenemos. Que siempre ha existido en el Barça. Nos gustan las palabras que suenan bien. Somos buenos creándolas y enseñándolas al mundo como si fuéramos alquimistas acabando de descubrir la piedra filosofal. Luego, por eso, nosotros mismos la convertimos en un vulgar pedrusco. Las desposeemos de todo valor. Esa era la época de los “valors”, “masía”, “cantera”. De tanto y tanto usarlas acaban convirtiéndose en un chascarrillo de feria ambulante, sin ningún sentido más que el enaltecer a quien las pronuncia. Directivos que se llenan la boca de palabras que no cumplen. De mentiras o medias verdades pronunciadas tan solo para escurrir el bulto. Para no comprometerse en nada que no les sea interesante.

Siempre me lo decías. Acuérdate de estos jugadores. De estos técnicos y del equipo que los lleva. No los olvides nunca. En esta casa nunca, nunca, hemos sabido ni despedir ni querer a los nuestros. Los echamos de menos, cuando no están, tan solo si las cosas se tuercen. Pero nada más. Y así ha sido siempre. Te lo decía mi bisabuelo y mi abuelo a ti, y tú me lo dijiste un montón de veces. Y tenías razón. Sin querer y valorar la historia, haciendo como si no existiera, todo el presente nos conduce a la nada.

Bueno, Papá. Ya ves. No vamos juntos al campo pero no he podido dejar de hablarte de una de tus pasiones. Esa que me has inculcado y que va conmigo a todas partes. El Barça. Y alégrate. Esta junta nueva, que acaba de llegar como quien dice, compuesta por gente toda futbolera, de esa que te gusta, de ex jugadores y ex técnicos,  esperemos que nos lleven de nuevo a otros vocablos que perdimos por el camino. Básicamente, HUMANIDAD. Y recuperemos ya el “més que un club” y sea para siempre.

Un beso de tu hija, desde NY

P.D. Y si algún día te cruzas con Pep, con Tito o Abidal, Abi, mi número 22, dales un beso de mi parte. Y recuérdales que, aunque intentaron borrarlos, hacerlos desaparecer de nuestra memoria, fueron eternos.

Ya somos mayorcitos para según que cosas

Hace años, una parte de los problemas de física, y muchas veces de lógica se formulaban con algo así como:

 “si un tren viaja de sur a norte a una velocidad de ……” Y así proseguía.

 Joan Ollé lo complicó un poco más en su sensacional “Problema”, musicado por Ramón Muntaner,  pero en él involucraba al amor, fantástico motivo literario pero ajeno totalmente a lo que incumbe en este post.

 Siempre he sido de letras, y por tanto, cuando era el momento de aplicar fórmulas lo pasaba mal. Cuando tan solo eran problemas lógicos se me daba mejor. No mucho, pero mejor.

 Hoy, me doy cuenta que la Directiva del Futbol Club Barcelona se ha propuesto reformular estos problemas lógicos, a sus socios y aficionados, de una manera mucho más amena y futbolística. Pero, no nos engañemos, siguiendo la misma técnica. Normalmente, en este tipo de problemas, lo importante es introducirte un número importante de elementos superfluos para que pierdas el sentido inicial de la pregunta. Y en eso está la Junta Directiva.

 Vamos a hacer un repaso.

 El 16 de Julio del año pasado, 2012, se dice que hay cerrada la contratación por 60 Mills. de euros. Este acuerdo se realiza con el Santos según todas las noticias. Pocos días antes, el periódico Sport nos indicaba que el acuerdo con el jugador es total y que el problema será el precio para un futbolista cuyos derechos están repartidos entre el santos (55%), la empresa Tercera estrella (5%) y el Grupo Dis (40%). Y ojo, el jugador debería cobrar un 10% del importe total del traspaso. A todo esto recordemos que Neymar cambia de representante, su ficha es ostensiblemente aumentada en Santos e igualmente rebaja su tanto por ciento en cuanto a derechos de imagen.

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